La Neue Nationalgalerie de Berlín (1962-1968) es el último edificio proyectado y construido por el afamado arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (Aquisgrán/ Alemania, 1886 - Chicago/USA, 1969). Como anécdotas, Rohe falleció poco antes de su inauguración, y la obra fue la única que diseñó en Europa después de su emigración a Estados Unidos, también la más icónica, sin duda, de las que proyectó en la actual capital alemana. Cuentan los entendidos en arquitectura que esta construcción representó una nueva forma de concebir un museo, distanciándose de los espacios cerrados divididos en grandes o pequeñas salas, para dar lugar a una gran habitación, perimetrada en su totalidad por ventanales con los que el arquitecto dejaba pasar la luz para así amplificar los metros y convertir ese lugar en algo sin una definición ni etiqueta preconcebida; donde plasmar, de manera más versátil e innovadora, aquello que quería mostrarse al público.
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Neue Nationalgalerie - Berlín. Copyright foto: Teresa Morales / freelanceviajera. |
La limpieza de las líneas, exteriores e interiores, la robustez minimalista en la plaza sobre la que se asienta, y el contraste claro oscuro entre la transparencia de las ventanas y el negro de los elementos estructurales de acero, convierten a la obra de Rohe en un atractivo visual que conjuga, sin estridencias, con la vida apacible que los berlineses hacen a su alrededor. Los hay que charlan, quienes usan la explanada para ensayar cabriolas con su bici, los que observan el atardecer desde la terraza superior del jardín o quienes, al cobijo de la escultura de Alexander Calder que luce en el exterior, Têtes et Queue, permiten que el tiempo fluya mientras se narra la historia paso a paso, casi sin saberlo.
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Obra de Alexander Calder - Berlín. Copyright foto: Teresa Morales / freelanceviajera. |
Andy Warhol: Velvet Rage and Beauty es una muestra que recorre la vida del modelo, diseñador, fotógrafo, pintor, dibujante y autor de Pittsburg a través de algunas de sus obras, desde su juventud hasta los años anteriores a su muerte. Mis conocimientos artísticos sobre Warhol hasta el momento de traspasar la entrada de la Neue Nationalgalerie hace escasas semanas, durante mi visita a Berlín, se basaban en esa imagen icónica de su pop art, con las consabidas latas de sopa Campbell, las botellas de Coca-Cola y los retratos en multicolor de personajes archiconocidos como Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor o Mao Zedong. Durante años, mi mente se había conformado con una radiografía simplista de un arte facilón, cuyo mérito parecía ser el descaro en el objeto y el desparpajo y la falta de pudor en la forma. Amén de haber sido capaz de mercantilizar sus creaciones como un arte abierto a la cultura de masas, al consumismo y la expansión comercial propia de un Nueva York que durante los años 70 y 80 despertó al mundo como la metrópolis donde cualquier humano ávido de emoción y fama deseaba estar.
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Neue Nationalgalerie - Berlín. Copyright foto: Teresa Morales / freelanceviajera. |
Para ello, me detengo una y otra vez en sus primeras obras a lápiz sobre papel. Observo Reclining Boy Full Figure, de 1948, y me enternece el gesto de ensoñación del personaje, y la sensibilidad del propio Andy para dedicarle unos trazos a esa composición; Black ballpoint pen on Manila paper (1950) ya presenta modelos masculinos de facciones sugerentes y labios carnosos, pero donde el fundamento de la representación parece ser un erotismo reposado; Two male Heads y Male Upper Torso (también de ese año) muestran chicos que nacen al despertar sexual con la inocencia lánguida y curiosa de la temida y desconocida adolescencia gay; 4 años más tarde, en 1954, pinta un retrato inusual de Truman Capote, perfilado con matices de ternura y humor; y alrededor de 1957, Warhol se mete de lleno en una época romántica, sensible, también erógena y sexy que recoge con rellenos dorados en su A Gold Book, ya entonces, usando las impresiones offset litográficas coloreadas a mano. Tenía 30 años, y aún ni él mismo atisbaría en qué se transformaría su obra, pasando de esos tímidos, delicados y emotivos apuntes en negro y oro, o crema y negro, para llegar al libertinaje colorista donde las formas y los géneros estaban destinados a emanciparse de los corsés predefinidos para encontrarse con una nueva manera de libertad y de expresión.
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Neue Nationalgalerie - Berlín. Copyright foto: Teresa Morales / freelanceviajera. |