NO TIME, NO SPACE
Angaangaq is an inuit, also a shaman, writer, speaker and, I supposed, most important, a great man and a great member of his own community. I’ve never met him, but his words in the recent book, Listen to the voice of the ice, gave me some peace and an opened door to learn more about this world and the consciousness. Angaangaq is also member of the World Wisdom Council. Far of being a group of “crazy” people (as many of us in this civilization would call them) they are a group of prestigious scientist, teachers, researches, economists and philosophers who have understood the importance of being. Just only being. Jane Goodall, for example, is one of these persons who teach us, with calm and harmony, how to be one in the middle of this life that, we, humans, try to control under the meaning of individuality. She learnt about this after years of loving and observing the chimpanzees. Her passion. Elisabet Sahtouris is other of these great women, absolutely convinced in the power of nature. The best mirror where humans can watch themselves and see the solutions to theirs problems, created by them (i have to say). Elisabet is a biologist. At some point in her life, she recognised that behind the gaze of science there is also the wise of the spirituality. Then, she started to study other ideas and philosophies of seeing life, in order of talking about it in a more complete way. The result, it’s a great message in which everyone can find light. It’s very interesting her idea about how we have to transform competition (the essence of this society) into cooperation (the essence of nature) in order to build and feel a place (called world) kinder, more peaceful, right in how works and perfect in building and construct, not in fighting and deconstruct.
All of this I have told, just only for writing my new story of today. My first post in English starts in Las Vegas. Yes, the same Las Vegas known as Sin city. The capital of gambling, desire, non-control, sex and others sins that anyone can imagine. Where is the spiritual aspect in this? Well, in the garden of one of the most famous casinos in Las Vegas (and also, people say, the one with the biggest poker room) there is a little temple that some clients from Thailand (who earned a fortune), built in gratitude. One day, some time later, a lady who was there, not for gambling (at least not for gambling money) went out for a walk. In the middle of her emotional desolation, trying to understand her feelings and the facts of her life, she found this little temple and prayed. She only asked for two. In exchange, she left her sacred stone, which carries to everyplace. Time run and Brahma, the goodness of the temple, gave her what she asked and what she need for go beyond in her life. People say that Brahma is the Buda of the 4 faces just only for helping anyone who comes from every cardinal direction. Because in the wise Orient, they know that in this world there is not time, neither space. All are one and one, in the middle of the desert, lost or lonely, can create his/her own magic present and his/her splendid future. For all of them, which means for all of us, I wish the best wishes and good luck, always.
¡QUÉ COSAS!

AQUI Y AHORA

El 21 de septiembre se inaugurará una exposición en Ginebra que seguro, segurísimo, nos hará reflexionar a todos. Time and cities (Tiempo y Ciudades) es una muestra organizada y dirigida por los arquitectos, Elena Farini y Christophe Widerski, y desarrollada por sus alumnos. Jóvenes que han plasmado en varios cortometrajes la relación entre las urbes y la sociedad que las habita. Un idilio que no siempre llega a buen puerto, pero que, en el momento actual, se acentúa con mayor intensidad la necesidad, convertida casi en obligación, de compatibilizar el ritmo frenético con una supervivencia sana y enriquecedora. El empeño de los profesionales que proyectan, programan y construyen ha de ir de la mano de los protagonistas que de verdad interactúan con el ambiente: las personas. ¿Nos paramos a pensar durante un minuto? En Tokyo, la megalópolis cuyo centro, por increíble que parezca, se define como una armonía perfecta entre 23 distritos electorales, conviven alrededor de trece millones de habitantes. Y lo más alucinante, ¡y envidiable!: la policía urbana se pasea en bicicleta. Yo lo he visto. Roma, con una población de casi tres millones de personas, recibe al año una media, aproximada, de 18 millones de turistas. A pesar de ellos o quizás, gracias a ellos, el Coliseo, los Foros Imperiales, el Mercado de Trajano, las Termas de Caracalla, el Pantheon y demás monumentos esenciales de la historia, siguen en pie. Por otro lado, hace dos años, según el departamento de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid, la inmigración en la capital española suponía el 17% de la población, más de un millón de ciudadanos que abandonaron su país y ahora, entre morriñas, miserias y nuevas ilusiones, comparten el día a día con “los otros”. Y entre este sistema de idas y venidas que engordan las ciudades, estos jóvenes de las universidades francesa de Lyon y española de Francisco de Vitoria exploran de qué forma arquitectónica se puede construir un nuevo modelo social, económico y medioambiental que equilibre nuestras sociedades, físicamente, sí, pero sobre todo, mentalmente. El tiempo y las ciudades o, lo que es lo mismo, el espacio y el tiempo. Dos dimensiones destinadas a compenetrarse hasta el punto de adaptarse la una a la otra en beneficio de la humanidad. Ni fácil ni, mucho menos, imposible. Una expo muy recomendable.
Copyright foto: Teresa Morales. Tokyo
SHINBASHI
Al norte de la famosa avenida Shijo Dori, epicentro de las archiconocidas ochagas (casas de té) de Kioto, se encuentra una deliciosa calle, deliciosa por pequeña, por discreta y por todo lo que puedes encontrar en ella. Su nombre: Shinbashi. Situada en pleno distrito de Gion, símbolo de lo mejor de la vida para cualquier japonés (hombre) medio –geishas, sake y karaoke– esta coqueta calle discurre a ras del arroyo que muere en el río Kamo y está decorada por cerezos, puentes de madera y, sobre todo, las típicas casas donde las jóvenes aspiran a convertirse en geishas* en un proceso artístico de disciplina férrea que puede durar años. La lluvia fina lo moja todo con una delicadeza propia de la estética de este país y el paseo hacia el universo Gion invita a evocar escenas de un pasado que aquí, en Kioto, sigue siendo presente. Hacia el este, y aún en la misma calle, descubro el diminuto santuario Tatsumi Daimyojin, donde los vecinos cuelgan tarjetas pidiendo a las deidades un poco-mucho de prosperidad. De uno de los callejones que desembocan en Shinbashi aparece de pronto una de ellas. Una geisha, no una diosa: cutis envuelto en polvos de arroz, labios rojos, kimono, zori, el pelo recogido y un paquete entre las manos envuelto en un pañuelo bajo el arte del furoshiki. Camina deprisa, erguida, impertérrita ante las miradas ajenas de quienes vestimos y pensamos como mandan los cánones del siglo XXI. Era principios de marzo y yo intenté seguirla, pero fue imposible. No sólo caminan a velocidades de vértigo, con pasitos cortos, pero firmes y rápidos, sino que todo a mi alrededor despertaba mi curiosidad. Detrás del papel de arroz que cubría el hueco de las ventanas de las viviendas colindantes aparecían escenas de vidas ajenas que activaban mi curiosidad. Veía fugazmente lo que sucedía en el interior del restaurante y, en milésimas de segundo, percibía la precisión con la que el cocinero partía el pescado, o me sorprendía delante del hogar de una venerable dama o me quedaba fascinada ante los farolillos encendidos que presiden la entrada a las casas. Los pasillos húmedos, de piedras pulidas, de fuentes de bambú, de paredes rojas y cortinas color hueso son presencia constante en esta calle, en la que, puedo asegurar, el Japón tradicional sigue vivo al alcance de cualquiera… siempre y cuando tu curiosidad no te entretenga y, muy importante, seas capaz de seguir el ritmo imparable de una geiko.
ESENCIA JAPONESA

HARAJUKU

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