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PENSAMIENTOS DEL GRAN BUDA

Gran Buda. Kamakura. Copyright foto: Teresa Morales. 
Sólo Él lo sabe. ¡Ojalá que sí! 

NO TIME, NO SPACE

Kamakura. Copyright foto: Teresa Morales

Angaangaq is an inuit, also a shaman, writer, speaker and, I supposed, most important, a great man and a great member of his own community. I’ve never met him, but his words in the recent book, Listen to the voice of the ice, gave me some peace and an opened door to learn more about this world and the consciousness. Angaangaq is also member of the World Wisdom Council. Far of being a group of “crazy” people (as many of us in this civilization would call them) they are a group of prestigious scientist, teachers, researches, economists and philosophers who have understood the importance of being. Just only being. Jane Goodall, for example, is one of these persons who teach us, with calm and harmony, how to be one in the middle of this life that, we, humans, try to control under the meaning of individuality. She learnt about this after years of loving and observing the chimpanzees. Her passion. Elisabet Sahtouris is other of these great women, absolutely convinced in the power of nature. The best mirror where humans can watch themselves and see the solutions to theirs problems, created by them (i have to say). Elisabet is a biologist. At some point in her life, she recognised that behind the gaze of science there is also the wise of the spirituality. Then, she started to study other ideas and philosophies of seeing life, in order of talking about it in a more complete way. The result, it’s a great message in which everyone can find light. It’s very interesting her idea about how we have to transform competition (the essence of this society) into cooperation (the essence of nature) in order to build and feel a place (called world) kinder, more peaceful, right in how works and perfect in building and construct, not in fighting and deconstruct.

All of this I have told, just only for writing my new story of today. My first post in English starts in Las Vegas. Yes, the same Las Vegas known as Sin city. The capital of gambling, desire, non-control, sex and others sins that anyone can imagine. Where is the spiritual aspect in this? Well, in the garden of one of the most famous casinos in Las Vegas (and also, people say, the one with the biggest poker room) there is a little temple that some clients from Thailand (who earned a fortune), built in gratitude. One day, some time later, a lady who was there, not for gambling (at least not for gambling money) went out for a walk. In the middle of her emotional desolation, trying to understand her feelings and the facts of her life, she found this little temple and prayed. She only asked for two. In exchange, she left her sacred stone, which carries to everyplace. Time run and Brahma, the goodness of the temple, gave her what she asked and what she need for go beyond in her life. People say that Brahma is the Buda of the 4 faces just only for helping anyone who comes from every cardinal direction. Because in the wise Orient, they know that in this world there is not time, neither space. All are one and one, in the middle of the desert, lost or lonely, can create his/her own magic present and his/her splendid future. For all of them, which means for all of us, I wish the best wishes and good luck, always.

¡QUÉ COSAS!



Decía Jung, Carl Gustav Jung, para más señas, que a veces dos sucesos aparecían de forma simultánea en el tiempo-espacio sin ninguna razón casual. A eso lo denominó sincronicidad. Hay quien lo llama "suerte", "chiripia", "potra" o, lo más simple de todo: magia. Después de dos meses en esta ciudad maravillosa, bautizada como eterna, y bien llamada Roma, puedo asegurar que la energía de esta urbe tiene un no sé qué que, al menos a mí, me lleva de una casilla de la vida a otra por un sistema de sincronicidades absolutamente fascinante. No voy a contar la última, porque sería como revelar el secreto del chef, pero sí es cierto que a veces basta con estar despierta y receptiva para percibir, ver y sentir que aquello que no tiene explicación también sucede y, lo mejor de todo, es real. Y curioso, muy curioso, que cuando abrí la carpeta de las fotos de Japón esta mañana buscando "algo", la primera imagen que me recibió fue esta. Una calle en las cercanías de Shibuya, repleta de boutiques con nombres que en su momento me podrían resultar simplones o ininteligibles, pero que desde Italia y cuando empiezo el día, el Buona Giornata sabe a gloria, dibuja una sonrisa y me deja ojiplática. Como dicen aquí: che buffo!
Copyright foto: Teresa Morales. Tokyo.

AQUI Y AHORA


El 21 de septiembre se inaugurará una exposición en Ginebra que seguro, segurísimo, nos hará reflexionar a todos. Time and cities (Tiempo y Ciudades) es una muestra organizada y dirigida por los arquitectos, Elena Farini y Christophe Widerski, y desarrollada por sus alumnos. Jóvenes que han plasmado en varios cortometrajes la relación entre las urbes y la sociedad que las habita. Un idilio que no siempre llega a buen puerto, pero que, en el momento actual, se acentúa con mayor intensidad la necesidad, convertida casi en obligación, de compatibilizar el ritmo frenético con una supervivencia sana y enriquecedora. El empeño de los profesionales que proyectan, programan y construyen ha de ir de la mano de los protagonistas que de verdad interactúan con el ambiente: las personas. ¿Nos paramos a pensar durante un minuto? En Tokyo, la megalópolis cuyo centro, por increíble que parezca, se define como una armonía perfecta entre 23 distritos electorales, conviven alrededor de trece millones de habitantes. Y lo más alucinante, ¡y envidiable!: la policía urbana se pasea en bicicleta. Yo lo he visto. Roma, con una población de casi tres millones de personas, recibe al año una media, aproximada, de 18 millones de turistas. A pesar de ellos o quizás, gracias a ellos, el Coliseo, los Foros Imperiales, el Mercado de Trajano, las Termas de Caracalla, el Pantheon y demás monumentos esenciales de la historia, siguen en pie. Por otro lado, hace dos años, según el departamento de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid, la inmigración en la capital española suponía el 17% de la población, más de un millón de ciudadanos que abandonaron su país y ahora, entre morriñas, miserias y nuevas ilusiones, comparten el día a día con “los otros”. Y entre este sistema de idas y venidas que engordan las ciudades, estos jóvenes de las universidades francesa de Lyon y española de Francisco de Vitoria exploran de qué forma arquitectónica se puede construir un nuevo modelo social, económico y medioambiental que equilibre nuestras sociedades, físicamente, sí, pero sobre todo, mentalmente. El tiempo y las ciudades o, lo que es lo mismo, el espacio y el tiempo. Dos dimensiones destinadas a compenetrarse hasta el punto de adaptarse la una a la otra en beneficio de la humanidad. Ni fácil ni, mucho menos, imposible. Una expo muy recomendable.

Copyright foto: Teresa Morales. Tokyo

SHINBASHI


Al norte de la famosa avenida Shijo Dori, epicentro de las archiconocidas ochagas (casas de té) de Kioto, se encuentra una deliciosa calle, deliciosa por pequeña, por discreta y por todo lo que puedes encontrar en ella. Su nombre: Shinbashi. Situada en pleno distrito de Gion, símbolo de lo mejor de la vida para cualquier japonés (hombre) medio –geishas, sake y karaoke– esta coqueta calle discurre a ras del arroyo que muere en el río Kamo y está decorada por cerezos, puentes de madera y, sobre todo, las típicas casas donde las jóvenes aspiran a convertirse en geishas* en un proceso artístico de disciplina férrea que puede durar años. La lluvia fina lo moja todo con una delicadeza propia de la estética de este país y el paseo hacia el universo Gion invita a evocar escenas de un pasado que aquí, en Kioto, sigue siendo presente. Hacia el este, y aún en la misma calle, descubro el diminuto santuario Tatsumi Daimyojin, donde los vecinos cuelgan tarjetas pidiendo a las deidades un poco-mucho de prosperidad. De uno de los callejones que desembocan en Shinbashi aparece de pronto una de ellas. Una geisha, no una diosa: cutis envuelto en polvos de arroz, labios rojos, kimono, zori, el pelo recogido y un paquete entre las manos envuelto en un pañuelo bajo el arte del furoshiki. Camina deprisa, erguida, impertérrita ante las miradas ajenas de quienes vestimos y pensamos como mandan los cánones del siglo XXI. Era principios de marzo y yo intenté seguirla, pero fue imposible. No sólo caminan a velocidades de vértigo, con pasitos cortos, pero firmes y rápidos, sino que todo a mi alrededor despertaba mi curiosidad. Detrás del papel de arroz que cubría el hueco de las ventanas de las viviendas colindantes aparecían escenas de vidas ajenas que activaban mi curiosidad. Veía fugazmente lo que sucedía en el interior del restaurante y, en milésimas de segundo, percibía la precisión con la que el cocinero partía el pescado, o me sorprendía delante del hogar de una venerable dama o me quedaba fascinada ante los farolillos encendidos que presiden la entrada a las casas. Los pasillos húmedos, de piedras pulidas, de fuentes de bambú, de paredes rojas y cortinas color hueso son presencia constante en esta calle, en la que, puedo asegurar, el Japón tradicional sigue vivo al alcance de cualquiera… siempre y cuando tu curiosidad no te entretenga y, muy importante, seas capaz de seguir el ritmo imparable de una geiko.

*Las auténticas geishas surgieron como profesionales del entretenimiento, especializadas en diferentes artes: música, canto, baile, literatura y poesía. Las aspirantes se llaman maiko, y en Kioto, por ejemplo, las auténticas geishas prefieren llamarse geiko para distinguirse así del nombre de toda la vida que ahora se asocia a nueva clase de profesionales más vinculadas al entretenimiento sexual que al intelectual.
Copyright fotos: Teresa Morales. Kioto

ESENCIA JAPONESA






Al norte de la ciudad se extiende Asakusa, un reducto del Japón antiguo con todo el sabor de la época Edo. Fue un gran puerto fluvial donde destacó el comercio de arroz y cuentan que era tal el atractivo de este barrio que hasta los samurais y los sacerdotes se disfrazaban para mezclarse con sus gentes. Hoy en día es un entramado de calles estrechas, repletas de comercios de souvenirs, pequeños restaurantes de shushi y noodles, telas con estampados ukiyo-e y centro de uno de los grandes rincones sagrados de la ciudad: el templo de Senso-Ji. Acceder a él a través de la gran puerta de Kaminari-Mon es entrar en el mundo de la devoción supersticiosa de los japoneses que, en un ritual mecánico, se inclinan delante de la gran figura de Kannon, deidad de la Infinita Compasión y Misericordia. Y como Tokio es un laberinto de contrastes, cerca de allí, a orillas del Sumida, las pagodas y las casas de madera ceden su sitio a las nuevas propuestas arquitectónicas como Asahibiru Onza, la sede de la cervecera Asahi, obra del diseñador Philippe Starck. Con una especie de pepita de oro gigante en el techo, este edificio protagoniza una de las imágenes del Japón más atrevido y recuerda a los visitantes que en esta ciudad todo es posible.
Copyright fotos: Teresa Morales Distrito de Asakusa. Tokio

HARAJUKU





En una ciudad de contrastes todo es posible. La vista, acostumbrada a la comodidad europea donde nada se sale de la norma, se sobresalta con los ropajes anodinos y atípicos de los jóvenes que pueblan las calles del barrio Harajuku. Peluches, medias de colores, encajes, tules, bolsos, el todopoderoso Hello Kitty, coletas, trenzas, deportivas sucias, Lolitas de Oriente, maquillajes góticos, una inocencia salvaje, el descaro de la rebeldía, la frescura de lo original, lo inusual, lo inaudito, el todo vale... Las tradiciones japonesas quedan relegadas a las ceremonias parsimoniosas de los templos y la intimidad de las casas. Fuera, en la calle, Tokio sucumbe al descaro adolescente de quienes marcan tendencia en el resto del mundo y el compás de un ritmo social que nada tiene que ver con el antiguo imperio ni las reglas del pasado.
Copyright fotos: Teresa Morales. Harajuku. Tokio

MADE IN JAPAN



Para el viajero que llega por primera vez a Tokio sin conocimientos de japonés, aterrizar en el aeropuerto internacional de Narita es una sensación extraordinaria de perplejidad. El primer contacto, casi obligado, es enfrentarse con las máquinas expendedoras de billetes de tren, síntoma evidente de que la sociedad nipona vive automatizada. De hecho, las máquinas expendedoras son presencia constante por las calles de la capital. Las hay de tabaco, de refrescos, de sopas, de té y café, de camisetas y hasta de teléfonos móviles o, lo más erótico y alucinante: de ropa interior usada de jovencitas … Tan increíble es esta peculiaridad como el hecho de que en una ciudad de más de diez millones de habitantes, la banda sonora que se repite a todas horas sea la de las pisadas sobre el asfalto y los mensajes que se transmiten en la megafonía del metro. El silencio suele invadirlo todo y es casi improbable toparse con un conductor impaciente que toque el claxón o compartir vagón con un grupo de jóvenes alborotados. Tokio es ajetreo y acción pero siempre dentro de un orden y una organización calculados al milímetro...
Copyright foto: Teresa Morales Ikebukuru. Tokio.